Cuantas veces prefiero un apartamento II
Ya expliqué anteriormente las razones por las que un apartamento me suena mucho mejor que vivir en una casa. El hecho de tener una familia puede llevarnos a necesitar una casa, más no a desearla necesariamente. Como escribí en el post anterior, mi desinterés por vivir en una casa radica en que viviendo en una se pierde gran parte de la independencia y libertad que se tiene cuando se vive solo.
Y es que el hecho de vivir en un apartamento también determina tu posición frente a las cosas, determina tus opiniones y tus formas de ver las cosas, por ejemplo, si vives solo y no tienes que preocuparte por alimentar a nadie más que a tu propio estómago, puedes tomarte la ligereza de comer cualquier porquería que solo colabore con aumentar el consumo de comida chatarra en el mundo. Como lo explique anteriormente, vivir en una casa implica la pérdida de ciertas libertades, implica ceder ante otros y limitar nuestras propias costumbres de cuando vivíamos solos.
Mi amigo Pancho por ejemplo, me cuenta que siempre le gustaba desayunar en la cama los fines de semana que no tenía que ir a trabajar y que podía quedarse a dormir hasta más tarde de lo acostumbrado, por lo que aprovechaba y se llevaba a la cama toda la comida y bebidas gaseosas que podía mientras veía programas deportivos. Esto tuvo que cambiar obligatoriamente cuando dejó de ser soltero y tuvo que mudarse a una casa al tener a su primer hijo. Su esposa detestaba que comiera en la cama y por más que solo lo hiciera los fines de semana que no iba al trabajo, el hacerlo significaba una discusión interminable con la chica de sus sueños, por lo que ahora prefería aceptar la llamada de atención de su esposa e irse con su comida y bebidas gaseosas al sillón de la sala.
Lo mismo pasaba con mi primo Alberto, que al mudarse con su novia a un apartamento, tuvo que abandonar muchas de sus costumbres de soltero solitario, como dejar la cama destendida y lo ropa dispersa por toda la habitación del apartamento. Lo peor de mudarse a vivir con una mujer es que siempre es ella la que va a querer cambiar todas las costumbres del hombre e implantar sus costumbres y reglas de convivencia. Si al menos las cosas fueran al revés y fuese la mujer la que se amoldara a la forma de vida del hombre, quizás entonces miraría con mejores ojos tener que vivir en una casa o dejar de vivir solo.
Pero lo anterior es prácticamente imposible. Así que por ahora solo me queda resignarme a la idea de vivir solo, si con esa soledad puedo asegurar mi independencia y libertad para vivir y para hacer lo que se me venga en gana. La tediosa sensación de tener que hacer las cosas o comportarse de una manera especifica para tener que agradarle a alguien no cabe ni siquiera pensarla en mi cabeza, prefiero la dichosa sensación de poner los pies sobre la mesa sin nadie que me este mirando enojada y obligándome a comer con servilleta. Para eso, mejor solo.
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