Dos son compañía, tres son multitud

Teníamos tres años de casados, aunque éramos una pareja joven nos comprendíamos muy bien y llevábamos una feliz vida de casados. Ella había aprendido a vivir con mis ocurrencias y yo con sus arrebatos. Cuando me molestaba por algo ella siempre se encargaba de hacerme olvidarlo, cuando ella se molestaba no era tan fácil pero al final conseguía que se olvidara del asunto. Al principio nuestros amigos pensaron que no íbamos a durar, pero nuestro amor cada vez se fue haciendo más fuerte, llegamos tanto a amarnos que decidimos casarnos. Ella trabajaba desde casa y yo en una revista, soy fotógrafo. Era tan tierna, cuando la veía trabajar quería comérmela a besos, pero respetaba que estaba ocupada. Al regresar del trabajo ella me recibía con muchos besos y me daba masajes, era buena. Nos costó trabajo adaptarnos a nuestro ritmo de vida, pero lo conseguimos, creo que lo fundamental fue que nos amábamos, gracias a eso superamos muchos obstáculos.  

Un día revisando su correo, leyó una carta de su hermano, quería venir a visitarnos por unos días. Ella me consultó, a mi no me pareció mala la idea. Le respondió y antes de mandarlo, él ya tocaba nuestra puerta. Abro la puerta sorprendido de que él sin recibir un previo aviso ya estaba aquí. Ella también lo miró algo sorprendida y lo hizo pasar. Comenzó a contarnos que había terminado con su enamorada y no tenía donde quedarse, le dijimos que no teníamos ningún problema, que mientras buscaba un lugar podría quedarse con nosotros. Acomodamos algunas frazadas y almohadas en el sofá de la sala y lo dejamos para que descansara. Al día siguiente, como tenía que estar temprano en la revista salí sin despertar a mi esposa y a su hermano, que tendía un grave problema: roncaba. 

Al llegar ese día después de la reunión, ella seguía en el estudió trabajando y su hermano estaba en la cocina. Las cosas estaban regadas en la sala y en la cocina había salpicaduras de salsa. No le dije nada era su primer día, además estaba cocinando para pagarnos de alguna manera que le diéramos alojamiento. El almuerzo estaba delicioso, era bueno en la cocina. En la noche salimos y lo dejamos cuidando la casa. Como era fin de semana, mi esposa y yo queríamos relajarnos un poco, ver una película, tomar algo.  

Llegando a casa escuchamos música, creíamos que era del departamento de abajo. Pero no, venía del nuestro. Al entrar encontramos a su hermano con un grupo de amigos tomando unas cervezas y jugando póquer. Nos recibió con un abrazo y presentó a sus amigos que estaban un poco ebrios. Pase con mi esposa al estudio y le pedí que hablara con su hermano, en unos minutos todo volvió a la normalidad. En la recámara conversamos, ya no podía tolerar más esa situación, si en dos días se había tomado la confianza de hacer reuniones sin nuestro permiso, que podíamos esperar para los que venían. Mi esposa también era de la idea, de que buscara otro lugar rápido. Dejamos la conversación para el día siguiente. Cuando amaneció hablamos con su hermano, él se disculpó, pero ya no podíamos tolerarlo más, además que era demasiado desordenado, nada de lo que había ensuciado la noche anterior lo había recogido. Lo peor era que no trabajaba, como podía conseguir un lugar donde vivir si no tenía para pagarlo, seguro que nos iba a pedir prestado. Con tal de no tenerlo más, decidí prestarle dinero. Ese mismo día más tarde lo llamaron, era su enamorada, hablaron por horas al final, volvieron. El se despidió de nosotros y se volvió a disculpar. Desde ese momento mi esposa y yo quedamos en no alojarlo, no porque éramos malas persona sino porque el no sabía respetar la confianza que le dimos. Al cabo de unos meses nos enteramos que él estaba trabajando. Una tarde llegó un paquete, en el nombre del remitente estaba el del hermano de mi esposa, era una mesa y una tarjeta. “Disculpa por rajar el vidrio de su mesa”, estábamos un poco desconcertados, cuando mi esposa alzó el mantel de la mesa, el vidrio de ésta estaba rajado. Esa fue una de muchas razones por las que no aojamos más a su hermano.

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