Encontrando mi libertad
Quería independizarme, ya tenía la edad suficiente para no vivir más en la casa de mis padres. En las noches de reunión con mis amigos, me molestaban “el no bebe en la casa es el bebé de la casa”, reían. A veces pensaba que tenían razón necesita un lugar propio, cada vez que iba con la idea a contársela a mis padres a mi madre se le subía la presión, creo que eso fue uno de los obstáculos que no me permita llevar acabo mi nueva vida. Pero más que eso era la costumbre de tener todo a mi disposición, no me preocupaba por lavar mi ropa o cocinarme, mi madre lo hacía todo. Sin embargo, esa noche después de la reunión concluí que en esa semana buscaría un nuevo domicilio.
También estuve empujado a mudarme porque mi madre no trataba muy bien a mis enamoradas, al principio no me hacía problemas, era mi viejita, sabía lo que era mejor para mí. Pero llegó un momento en el cual le presenté a una muchacha, la que más me había gustado de todas las que conocí en mi vida. Mi madre dio tal espectáculo que la muchacha salió de mi casa despavorida y no volví a saber más de ella. Ya estaba determinado no podía seguir más en esa casa. Claro que no abandonaría a mis padres, los iría a visitar de vez en cuando. Al siguiente día de mi determinación, llame a unos agentes inmobiliarios para ir a visitar algunos departamentos, mis padres todavía no sabían nada de la mudanza, se los quería decir cuando tuviera la llave de mi nueva vivienda. Sabía que mi padre no iba a poner ninguna objeción, pero no se lo conté antes, porque tiene un pequeño defecto, ese tipo de cosas no puede ocultárselas a mi madre. Ese día en la tarde fui a la primera dirección. Revisé el departamento que quedaba en la primera planta, tenía todo amoblado y una tina de baño, no me gustó porque no tenía mucha iluminación y la decoración estaba hecha para una mujer, yo quería algo más masculino, ese iba a ser mi departamento de soltero. Me fui del lugar hacía otro domicilio, esperaba que ese sea mucho mejor que el anterior. El segundo quedaba en un tercer piso, tenía un ascensor. Entré al lugar y era mejor que el otro. La iluminación era perfecta, las habitaciones eran amplias, tenía un minibar, una terraza, un lugar que yo había destinado para el póquer y las noches de reunión con mis amigos. Lo único malo del lugar era el precio, hablé con el agente y quedé en llamarlo si me decidía por el lugar.
Al llegar ese día a mi casa mi madre sabía todo sobre la mudanza, supuse que uno de mis amigos se lo habría dicho a su enamorada, ella a su madre y la madre de ella a la mía. Mi madre estaba inconsolable en su cama, la vi allí recostada repitiendo otra vez su misma táctica, pero esta vez estaba decidido. Tomé el teléfono llamé al agente, le confirmé que me había decidido por el departamento y quedamos en reunirnos para firmar los papeles. Después de telefonear al agente fui donde mi madre le di un beso de buenas noches y me fui a dormir. Ella al poco tiempo se dejó de quejar. Cuando se hizo de mañana salí temprano, sin tomar desayuno, no quería darle la oportunidad de escucharla de nuevo con lo mismo. Compré un café y me fui al trabajo. Al salir del trabajo me dirigí a la dirección de mi nuevo apartamento. El agente me estaba esperando con los papeles para firmar, firme todo, él terminó de revisarlos y me entregó las llaves. Se despidió de mí y se fue, yo me quedé sentado en mi nueva morada, entonces pensé en la mesa para el juego de póquer. Me levanté y fui a comprarla, la coloqué en el lugar que había pensado desde el primer momento que visite el lugar. Después de dejarla, caminé a mi casa. En la sala me esperaba mi madre que luego de conversar con mi padre, por fin entró en razón y me pidió disculpas por su comportamiento. Le mostré mis nuevas llaves del departamento, ella no pudo contenerse las lágrimas y subió a su dormitorio. Yo subía al mío, busqué una maleta, puse algo de ropa y objetos indispensables, tomé la maleta algo llena y me dirigí a mi nuevo espacio. Desde ese momento mi madre no vuelve a meterse en mis asuntos y yo por fin encontré la libertad. Quiero mucho a mis padres, pero mi madre necesitaba un freno. Cuando puedo los visito, son mis padres eso nadie lo puede cambiar, ahora en mi casa queda mi hermana, quien tiene que soportar a mi madre y lidiar con sus ataques de madre sobre protectora. Mi madre nunca va a cambiar, pero yo por fin lo hice.
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