La propiedad que no estaba en venta

Dentro de un mundo tan atareado y tan veloz como lo es en el que vivimos, cometer algún error es algo que cuesta bastante caro, y sobre que suele ser muy común también, pues la prisa con la que realizamos todas nuestras tareas nos lleva a darle el menor tiempo posible a la revisión de cada una. Es así que hace unas semanas me ocurrió algo que puede ser considerado un error, pero que más allá de cualquier perjuicio, me sirvió luego para reírme de lo sucedido.

 

Bien, este es el inicio de la historia: Un día pasaba por una avenida un poco alejada del centro de la ciudad, cuando me percaté de un anuncio que decía “Se vende”. De inmediato mi mirada se quedó fija en la propiedad que tenía el anuncio, pues yo estaba buscando un inmueble para mudarme y esa casa me había parecido, al menos por el exterior, la casa ideal. Sin embargo como no tenía mucho tiempo para detenerme en ese momento y hacer averiguaciones sobre esa casa, tan sólo anoté en una pequeña libreta la dirección del inmueble y algunas otras cosas indicadas en el cartel de venta.

 

Así, durante ese día y el siguiente me mantuve ocupado con labores propias de mi trabajo. Pero luego al tercer día de haber visto la casa tuve el tiempo de ir a averiguar en qué condiciones estaba la propiedad, así como el precio en el que se vendía, y otras cosas más. Llegué a la agencia inmobiliaria que se indicaba en el cartel de la venta y pregunté por el domicilio que yo había visto. De inmediato me condujeron hacia el responsable de la venta de esa casa. Hablamos cerca de media hora y luego concertamos en que al día siguiente podríamos encontrarnos en el inmueble para poder verlo por adentro.

 

Hasta ahí todo estaba perfecto, y yo no sabía lo que me esperaba. Al día siguiente, yo llegué cinco minutos antes de lo acordado a la propiedad que estaba en venta y me quedé esperando largo rato a que llegara el agente inmobiliario. Pero se demoraba y pensé que estaba adentro. Toqué el timbre y después de un rato salió un hombre preguntándome ¿qué quería? Obviamente mi respuesta fue que iba a ver el inmueble para comprarlo. El hombre pareció algo extrañado y amargo. Me dijo que esa era la tercera vez en la semana que alguien llegaba preguntando por la venta de su propiedad, que en la agencia inmobiliaria se habían confundido y habían puesto el cartel muy cerca de su casa por lo que la gente creía que estaba en venta cuando en realidad la casa del costado era la que estaba desocupada y buscando nuevo dueño.

 

Cuando terminé de hablar con él, me dirigí a la casa del costado, que por cierto no me había gustado para nada y pude ver por la ventana que adentro estaba el agente de la inmobiliaria esperándome. Toqué la puerta y el salió. Le conté todo lo que había pasado y me dijo que no era la primera persona que se confundía. Me indicó de inmediato que empezáramos a ver la casa, pero le dije que yo me había interesado en la otra y que me excusara pero que esa propiedad no me gustaba. Salí de esa casa, pensando en que había perdido más de una semana por esa confusión, y que otra vez era necesario empezar de cero la búsqueda de una casa.

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